Zaragoza volvió a ser el epicentro del sector agrícola entre el 20 y el 24 de febrero. La masiva afluencia, con visitantes llegados de muchos rincones de la Península Ibérica, llevó al límite la capacidad del recinto en determinados momentos. Los accesos y la salida —especialmente la jornada del miércoles— volvieron a ser elementos de crítica y, con toda probabilidad, formen parte del “intenso análisis” post-feria al que se ha comprometido la institución ferial.

El impacto económico en Zaragoza y sus zonas de influencia se estima en 300 millones de euros y, lo que parece más sorprendente, entre el 50 y el 60% de los equipos expuestos se vendieron, según indicó el presidente de Feria de Zaragoza, Manuel Teruel.

FIMA 2018 llegaba con la etiqueta de “histórica” al tratarse de la cuadragésima edición de la gran Feria Internacional de la Maquinaria Agrícola. Por eso motivo, y como prueba de apoyo al sector agrícola —uno de los más potentes de la economía española—, el rey Felipe VI aceptó la invitación para encabezar la comitiva oficial durante la jornada inaugural.

Y es que FIMA no para de crecer. Otro de los retos de esta edición era una aumentar los niveles de profesionalización e internacionalización. El primero parece conseguido a tenor de un dato ofrecido desde la organización: la jornada con mayor presencia de público fue el jueves, con 71.000 personas, superando al sábado, donde predominan los grupos familiares con abundancia de menores.

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